Las Maras en Centroamérica (parte 1)
Author: Manager // Category: Estado, Familia, Personalidad, Política, SeguridadCuando la violencia se convierte en un modo de vida y se ve la paz como una carátula falsa de la “guerra”, aparece un grupo de personas que no encuadran dentro de la sociedad, los que se denominan Maras. Estas son pandillas que invaden Centroamérica poniendo de manifiesto una nueva forma de descomposición social, de percepción de la violencia, evidenciando su propio modus operandi, además de diversas formas de pensar y sentir la realidad social.
El mundo moderno de conlleva una serie de fenómenos que deben ser estudiados para poder comprender la complejidad de las relaciones sociales, así como el por qué del surgimiento de relaciones más impersonales y el resquebrajamiento de los lazos de solidaridad.
Desde hace tiempo, las sociedades atraviesan por importantes crisis que devienen de un cambio profundo que se ha dado debido a las reacciones de los individuos a la forma en que se crean normas y reglas de conducta.
Las Maras, marcan un fuerte proceso de descomposición social que se viene dando en Centroamérica y que parece querer propagarse por todo el mundo, mediante la reproducción de la violencia como respuesta a las “injusticias” de las que creen ser víctimas.
Las Maras representan un fenómeno social ciertamente complejo. Son pandillas juveniles que tienen como base principal la reproducción de la violencia social en las calles. Se las conoce como maras y se encuentran dispersas por El Salvador, Honduras, Guatemala, México y EE.UU. Aunque también es sabido que ya tienen centros en Canadá, Australia y el Líbano. La pandilla MS (Mara Salvatrucha) es la más conocida y ha sido identificada en 36 estados de Estados Unidos. Es mayor en Los Ángeles, y también existe en México, El Salvador, Honduras y Guatemala. Su líder recibe el nombre de Satanás, tiene tan solo 19 años y dirige la banda juvenil no solo más conocida, sino también, la más poderosa del mundo, con más de 100.000 miembros. Su origen se remonta a la década de 1980 en Los Ángeles, integrada por centroamericanos, con el fin de defenderse de otros grupos étnicos de pandilleros, pero luego gran parte de sus acciones derivaron en delincuencia.
Las Maras, son las nuevas pandillas juveniles que ocupan los barrios fronterizos de Estados Unidos y México, entre otros países centroamericanos. Constituidas por miles de jóvenes, hijos de la marginación, las maras, arrasan con todo lo que encuentran a su paso.
Son jóvenes que crecieron en los contextos urbanos de los años ‘80, están compuestas por los deportados de Estados Unidos; parte de los 100.000 huérfanos de la guerra civil; las víctimas de la represión de los ‘80 (ex policías y ex militares); y los jóvenes que parecen no encontrar opciones acceso que los conduzcan a llevar una vida distinta a las que llevan en algunos espacios latinoamericanos marcados por la pobreza y la miseria. El número 13, es absolutamente representativo entre los mareros. La letra M es la treceava del abecedario y significa “vida loca” (marihuana) y “Mexicano.”
Desde hace ya varios años, el aumento de la delincuencia, ha puesto en jaque la cuestión de la seguridad en el área Centroamericana y peligra el resto del mundo. Algunos fundamentan su existencia al estilo de Robin Hood, ya que roban a los ricos para darle a los pobres, pero esa etapa la dejaron ya en el pasado.
Históricamente, los bandoleros representaban una forma primitiva de protesta social, un fenómeno de sociedades primitivas, agrarias, tradicionales, de estructura precapitalista. Eran fundamentalmente campesinos y trabajadores sin tierra, oprimidos y explotados por otros. La visión que tenían los diferentes estratos de la sociedad, sobre este tipo de bandidos, era paradójica. Por un lado, eran considerados criminales, mientras que por otro, permanecían dentro de la sociedad campesina, siendo vistos como héroes, vengadores, luchadores por la justicia.
Hoy en día, las conductas desviadas son otras. Son conductas que generan todo tipo de temores sociales. Secuestros express, secuestro extorsivos, cautiverio, asaltos, hurtos, violaciones, asesinatos, son algunas de las modalidades delictivas de las que debemos cuidarnos todos los ciudadanos.
Es importante destacar que la desviación está creada por determinado orden social. Las condiciones de pobreza, como las crisis políticas, por ejemplo, constituyen elementos esenciales para la expansión de tales conductas. Es fundamental saber definir cuales son las conductas desviadas y cuantos tipos de desviaciones existen. Los grupos sociales crean la desviación al hacer las reglas cuya infracción constituye la desviación. No es una cualidad del acto cometido por la persona, sino una consecuencia de la aplicación que los otros hacen de las reglas y las sanciones para un ofensor. Que un acto sea desviado depende de cómo reaccionan las personas frente al mismo.
Existen dos tipos de desviación: Primaria y Secundaria. Se habla de desviación primaria cuando un individuo ha cometido por una sola vez un acto contrario a las normas sociales vigentes. Mientras que la desviación secundaria, tiene que ver con la reiteración de dicha actuación y se etiqueta a la persona como desviada en la interacción social subsiguiente y acepta (interioriza) esa identidad. En el caso particular de los mareros, la violencia, los asesinatos, los robos, las violaciones, la delincuencia, los secuestros y demás son elementos que se encuentran presentes y que definen en gran parte la conducta de un importante número de mareros, lo que lleva a las sociedades y a los gobiernos a etiquetar a todos los mareros de delincuentes.
El fenómenos de los mareros es sumamente complejo, por lo cual, estudiar la génesis del mismo es fundamental para tener una visión más amplia y un entendimiento más exacto sobre uno de los movimientos más peligrosos de los últimos años. Un movimiento, que si bien se está expandiendo por el mundo, carece de un estudio en profundidad que de respuestas necesarias e informe a quienes desconocen sobre su existencia. Es también necesario saber sobre su expansión, debido a que la extensión de mareros a nivel mundial implica un gran peligro para las sociedades enteras en tanto que es indispensable conocer sus mecanismos de actuación para salvaguardar a los individuos de los ataques de estas pandillas.
El elemento que las maras copian de los antiguos movimientos juveniles es, nada más y nada menos, que el barrio. El barrio, aparece como un espacio fundamental para los mareros, ya que en cierto modo, el mismo significa límites, delimitación. El barrio es un elemento esencial en el mundo de Las Maras. Allí, no solo se marcan las lealtades, sino que también, se exacerba el sentimiento de pertenencia para con la pandilla.
Las maras, tuvieron enfrentamientos con las comunidades mexicanas y chicanas a punto tal de apropiarse de ciertos elementos distintivos de aquellas pandillas. Llegaron a ocupar espacios antes utilizdos y controlados por cholos, chicanos y mexicanos -el antiguo Barrio 18, hoy la M18, perteneciente a una de las dos maras salvadoreñas más importantes. Algunas de sus frases mas coloquiales son: “Eme a morir”, “Hasta Morir”, “Eme ese a morir”; “la MS siempre”, “La MS se respeta”, “La MS controla”; “La mara es mi familia”.
Existen diversas formas para integrarse a una Mara, las cuales se llevan a cabo mediante los denominados rituales de iniciación. Por ejemplo: peleas entre nuevos y viejos miembros del barrio para conocer las habilidades y evaluar el respaldo que se dará en caso de lucha con otros barrios o personas; en el caso de las mujeres que quieran iniciarse como mareras, deberán por ejemplo, tener relaciones sexuales con los hombres de la Mara. También existen casos en los que tales rituales de iniciación no existen y la aceptación para formar parte de la mara depende no solo de la confianza, sino también, de la socialización compartida y las experiencias comunes.
Sin embargo, los líderes de las Maras son por lo general, las personas de mayor fuerza y mejor capacidad de pelea. Generalmente el liderazgo se encuentra en manos de los veteranos pero los jóvenes tienen una marcada tendencia a decir que en el barrio son todos iguales y que por ende, todos son jefes. Poseen un lenguaje bastante específico que marca particularmente la pertenencia a la mara. Quienes decidan abandonar el barrio o negarlo, en muchos casos, son asesinados.
contunuará….
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